| ¿Miedo escénico? No temas, "el monstruo" es tu aliado |
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| Oratoria y oradores |
| Escrito por Melvin Peña |
| Domingo 29 de Abril de 2012 00:00 |
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Enamorado, cuanto estás frente a quien provoca la emoción, se aceleran tus latidos, sientes maripositas en el estómago, te sudan las manos y te tiemblan las piernas. Lo mismo ocurre cuando vas a hablar en público. Probado. Científicamente. Aunque suene raro. Se activan los mismos botones ante el placer y la ansiedad, nos dice el biólogo molecular John Medina, en su libro “Las reglas del cerebro”, por lo que ante un susto y un orgasmo, digamos, actúan similares mecanismos de tensión en nuestro cuerpo. Es normal temer al público, "al monstruo", como le llaman en el Festival de Viña del Mar, aunque esa "fiera" solo exista en la cabeza del expositor, ya que la audiencia quiere usualmente que le vaya a bien en su presentación. ¿Acaso no fue voluntariamente a disfrutarla? ¿Por qué teme el orador? Razones ancestrales han cableado nuestro cerebro para que sea así. Desde que el primate necesitaba marchar en grupo para protegerse de los depredadores que cazaban en manada, sentimos temor frente a las siguientes situaciones, según enumera Scott Berkun, en su libro “Confesiones de un orador”: estar solo; en un territorio abierto, sin ningún lugar donde escondernos; sin armas, o frente a un grupo de criaturas que enfoca en nosotros su atención. ¿Acaso no se conjugan todas estas condiciones cuando estamos en tarima? ¿Acaso no será por eso que algunos oradores jamás salen de atrás del podio? "Hay dos tipos de oradores: aquellos que se ponen nerviosos y los mentirosos", decía Mark Twain. Paradójicamente, ese temor es positivo. La naturaleza, inteligente como es, lo que hace es preparar al cuerpo para un mejor desempeño, como cuando se está en peligro. De manera que, racionalmente, se puede elegir interpretar estas reacciones corporales como un proceso natural y positivo, una interpretación que nos ayudara a calmarnos frente a "la fiera". Además, como el objetivo del cerebro es espolearnos para "enfrentar al monstruo", nada calma más a un orador que prepararse bien antes de su intervención. Decía el gran Mohamed Ali que ninguna pelea se gana en el cuadrilátero, sino en el gimnasio. |
| Última actualización el Domingo 29 de Abril de 2012 17:09 |




