| Progresistas y conservadores en todas partes, menos aquí |
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| Comunicación política |
| Escrito por Melvin Peña |
| Jueves 26 de Enero de 2012 16:04 |
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En cualquier sociedad democrática, existen por lo menos dos universos políticos predominantes: los conservadores y los progresistas, los demócratas y los republicanos, los de derecha y los de izquierda, los rojos y los azules, como querramos llamarles, pero siempre se trata de dos opciones con características, principios y valores afines en cada grupo y opuestos entre ambos grupos. En más o menos todas partes se da esa sana “unidad y lucha de los contrarios”, que empuja la sociedad a avanzar, por el impulso de los promotores del cambio, y a mantenerse segura, evitando los riesgos que supone el cambio, por la acción y el peso de quienes defienden los valores tradicionales. En más o menos todas partes, excepto aquí, en República Dominicana, existen opciones partidarias progresistas y conservadoras. Durante la primera década de este siglo, en nuestro país solo ha existido el conservadurismo como opción de poder, sin importar el color, las siglas del partido o el líder que finalmente se hayan alzado con él. Los progresistas son grandes defensores de las libertades públicas e individuales, de la protección, la equidad y la igualdad social, defienden los recursos naturales y promueven el cambio, por solo agrupar algunos rasgos que les caracterizan. Los conservadores pugnan por preservar el status quo, abrazan el nacionalismo, tienden a rechazar lo extranjero, son tenidos por administradores más eficientes y abogan por un mayor ejercicio de la autoridad y del individualismo. Tanto en Estados Unidos como en España, que son las naciones desarrolladas de donde hemos recibido mayor influencia cultural, los progresistas abogan por el derecho al aborto, el matrimonio homosexual, la preservación a ultranza de la libertad de expresión y apoyan que los ricos paguen mas impuestos para proveer más servicios de salud, educación, protección y oportunidades para los pobres. Suelen ser protectores de las minorías étnicas, favorecen la acción afirmativa y las políticas de género. Los conservadores, por su lado, rechazan esos postulados, al tiempo que favorecen las tradiciones, sean estas religiosas, familiares, económicas, políticas o de otro tipo. En la República Dominicana actual no vemos tal alternativa. Solo tenemos opciones conservadoras o una mezcla insólita de arroz, con mango con longaniza en cada partido con posibilidad de alzarse con el poder. Por eso, la abstención electoral es alta y creciente; no hay debate político; nadie "conceptualiza"; quien fuera la esperanza de cambios se confiesa "boschista y vinchista", a la vez, como si se pudiera ser cristiano y ateo simultáneamente; los dos partidos dominantes, ambos progresistas en sus orígenes, se han disputado pactar con lo más rancio de conservadurismo criollo, partiendo de una concepción del pragmatismo que no para mientes en principios y valores. Por sus orígenes, ambos partidos conservan, sin embargo, pinceladas liberales, pero orgánicamente, por sus hechos (los conocereis, dice la Biblia), por sus hechos, son claramente conservadores, los dos, sin que pueda uno clasificar con certeza cuál lo es más. La presente campaña electoral es una muestra fehaciente de ese sancocho político, y en las próximas elecciones los votantes tendremos que "elegir" entre lo viejo y lo más viejo, sin ni siquiera saber diferenciar qué es viejo y qué es más viejo, "entre el miedo y el hastío", como ha dicho con enorme capacidad de síntesis y claridad Rosario Espinal. En esta campaña, los electores se han comportado en consecuencia con esta falta de opciones, con esta ausencia de claridad en los discursos, con esta falta de opciones diferenciadas, que, aunque no marea ni confunde a nadie, deriva en un comportamiento electoral un tanto impredecible y sorprendente. Por eso, como revela la encuesta Penn Shoen & Berland de este mes, los votantes más jóvenes, que suelen ser vistos como propulsores del cambio, han migrado sus preferencias del candidato de la oposición al candidato oficialista. Mientras que en la franja de votantes más viejos, que suelen ser defensores del status quo, es donde el candidato opositor ha logrado preservar más capital electoral, aunque este segmento también se haya inclinado por el "candidato del gobierno". ¿A los dominicanos nos falta un gen? Nunca somos progresistas o conservadores puros, pero los humanos, según investigaciones de biogenética, nacemos con un gen que nos inclina ideológicamente hacia la opción conservadora o la progresista, como bien explica y documenta Luis Arroyo en su libro "El poder en escena", actualmente en imprenta, pero que ya yo tuve el honor y el placer de leer. De ser cierto que los humanos tenemos la vocación genética de ser progresistas o conservadores, existe en República Dominicana, desde hace por lo menos un decenio, un nicho de votantes, un universo de electores, a la espera de una opción esperanzadora, que encarne, con fundamento, los valores progresistas y las expectativas reales de cambio. Mientras no llegue esa opción, nos mantendremos anclados en el atraso, sino es que involucionamos, como ha ocurrido en Venezuela, porque, a falta de alternativa (por lo menos dos opciones), aparezca un coronel que se quiera casar con la gloria, o un civil que nos quiera tratar a correazos, como ha ocurrido en Ecuador.
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| Última actualización el Jueves 26 de Enero de 2012 23:34 |




